Las cosas de Dios son de profunda importancia, y sólo se pueden descrubir con el tiempo, la experiencia y los pensamientos cuidadosos, reflexivos y solemnes. Tu mente, ¡oh hombre!, si quieres llevar un alma a la salvación, debe elevarse a la altura del último cielo, y escudriñar y contemplar el abismo más oscuro y la ancha expansión de la eternidad; debes tener comunión con Dios. Dondequiera que estemos, sea coronada nuestra cabeza con honradez, sobriedad, candor, solemnidad, virtud, pureza, mansedumbre y sencillez. En una palabra, seamos como niños pequeños, sin malicia, ni engaño ni hipocresía. Y ahora, hermanos, después de sus tribulaciones, y si hacen esas cosas, y ejercitan con fervor la oración y la fe a la vista de Dios siempre, El les dará conocimiento por medio de su Santo Espíritu, sí, por el inefable don del Espíritu Santo. Porque el conocimiento disipa las tinieblas, la incertidumbre y la duda, porque éstas no pueden existir donde hay conocimiento .... En el conocimiento hay poder.(Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia - José Smith - Pags. 280,281 y 282)


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